jueves, 5 de julio de 2012

La creación de la música

El método habitual para recordar y transmitir la música es oral o, más exactamente, auditivo: la mayoría de la música del mundo se aprende de oído. El complejo sistema de la notación musical que utiliza la música occidental es, de hecho, un gráfico que indica principalmente el movimiento del sonido y el tiempo, con una capacidad limitada para regular otros elementos más sutiles, como el timbre. Las culturas de Occidente y las de Asia poseen otros sistemas de notación: con nombres para las notas, con señales que indican posiciones de la mano o dibujando el contorno aproximado del movimiento melódico.

La música es uno de los componentes principales de los servicios religiosos, los rituales profanos, el teatro y todo tipo de entretenimientos. En muchas sociedades es una actividad que también puede desarrollarse por sí misma. En la sociedad occidental de finales del siglo XX, por ejemplo, uno de los usos principales de la música es la audición de conciertos, de emisiones por la radio o de grabaciones (música en sí misma). Por tra parte también existe música como parte de un fondo adaptable para actividades no relacionadas, como el estudio o las compras (la música como complemento de otra cosa).
Sin embargo, el empleo más habitual de la música es como parte del ritual religioso. En algunas ociedades tribales, la música parece servir como una forma especial de comunicación con seres sobrenaturales.

La música puede servir también como un símbolo bajo otras formas. Puede representar ideas o eventos extramusicales (como en los poemas sinfónicos del compositor alemán Richard Strauss), o puede ilustrar ideas que se presentan verbalmente en las óperas (especialmente en las del compositor alemán Richard Wagner), en el cine y en los dramas televisivos y, a menudo, en las canciones. También simboliza los sentimientos y sucesos militares, patrióticos o fúnebres. En un sentido más amplio, la música puede expresar los valores sociales centrales de una sociedad.

Cada cultura posee su propia música. Las tradiciones clásicas, folclóricas y populares de una región suelen estar muy relacionadas entre sí y son fácilmente reconocibles como parte de un mismo sistema. Los pueblos del mundo pueden agruparse musicalmente en varias grandes áreas, cada cual con su dialecto musical característico. Estas áreas son: Europa y Occidente; el Próximo Oriente y el norte de África; Asia central y el subcontinente de la India; el Sureste Asiático e Indonesia; Oceanía; China, Corea y Japón; y las culturas indígenas de América.

La historia de la música occidental la más documentada gracias a la notación musical occidental suele dividirse por convención en épocas de estabilidad relativa separadas por cortos periodos de cambios más drásticos. Los periodos aceptados por convención son la edad media (desde alrededor de 1450), el renacimiento (1450−1600), el periodo del barroco (1600−1750), la época del clasicismo (1750−1820), el romanticismo (1820−1920) y el periodo moderno. Otras culturas, aunque menos documentadas, han experimentado de forma similar cambios y evoluciones (no necesariamente siempre en la dirección de una complejidad mayor), por lo que incluso las músicas tribales más simples tienen una historia. Sin embargo, la rapidez de los transportes y los medios de comunicación en el siglo XX han propiciado la difusión de los estilos musicales de las distintas áreas geográficas por todo el mundo.

Música Afroamericana, música de los nativos africanos vendidos como esclavos en Estados Unidos, así como de sus descendientes. Esta música dio a los esclavos un medio para expresarse mediante una especie de canción de alabanza y oración, que les permitía evadirse de la realidad que los rodeaba. Gran parte de las canciones de trabajo usaban la forma de la llamada y respuesta: el solista cantaba la línea melódica a la que los otros se unían en el estribillo. Tanto éste como posteriormente el blues, constituyeron una forma de canción folclórica profana, que incorporó la libertad africana en la improvisación de variaciones en la línea melódica, procedente de la herencia africana de la polifonía en los tambores, además de la combinación de varios patrones rítmicos diferentes en compases distintos. El juego de contraste de los ritmos con el tiempo originó un estilo musical afroamericano posterior, el jazz.

La influencia de la música latinoamericana en la música negra de Estados Unidos es más evidente en los acentos sincopados comunes a ambas. Entre 1900 y 1940, se introdujeron en Estados Unidos bailes latinoamericanos, como el tango (de Argentina), el merengue (de la República Dominicana) y la rumba (de Cuba). En la década de los años cuarenta comenzó una fusión de los elementos latinos y del jazz, que fue estimulada por el mambo afrocubano y la bossa−nova brasileña. A finales de la década de los sesenta hubo una mezcla de música latina y de soul especialmente de la mano de Mongo Santamaría y Willie Bobo, al que se unió el reconocimiento de la salsa cubano−portorriqueña como género importante. Invirtiendo la dirección de las influencias, la música afroamericana de Estados Unidos también afectó a las del Caribe, Latinoamérica y África, dando lugar al surgimiento del reggae en Jamaica, así como del ska, el rocksteady y el highlife africano. En el Rio de la Plata el candembe uruguayo es hijo directo de las músicas negras, mientras que el tango argentino recibe sus influencias negras a través de la habanera y la milonga. El nombre de "tango" identifica un vocablo de origen africano que significa reunión o conjunto de personas.

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